La mañana siguiente amaneció con un cielo gris. Desde el penthouse, Aelin observaba las nubes moverse lentamente sobre los rascacielos, presintiendo que aquel día traería consigo algo más que lluvia. No se equivocaba.
Sasha entró en la sala con el rostro tenso y un dispositivo en la mano.
—Tienes que ver esto —dijo, sin rodeos.
Encendió la pantalla y comenzó a reproducir un noticiero internacional. El rostro de una presentadora se mostraba con gesto serio.
“Nuevas revelaciones apuntan a que