La mañana después de la gala amaneció distinta.
Por primera vez en semanas, las noticias no llevaban el sello de la manipulación. Las portadas no hablaban de “impostora”, sino de “la heredera que enfrentó el escándalo con dignidad”.
Los titulares eran un reflejo del impacto que Aelin había causado la noche anterior.
En el penthouse, el aroma del café recién hecho llenaba el aire. Sasha leía los periódicos desplegados sobre la mesa del comedor, mientras Aelin, aún con bata de seda, observaba