Jasemin.
Descubrí que Aaron nunca necesitó cumplir su amenaza, simplemente la convirtió en una realidad.
No volvió a buscarme, ni mencionarme aquella conversación en la sala del consejo y tampoco hizo el menor intento por convencerme de permanecer en Babel. Durante varios días llegué a pensar que quizá el trabajo había terminado absorbiéndolo por completo y que el asunto había quedado atrás, hasta que una mañana el mayordomo principal llamó a la puerta de mi habitación para informarme, con la m