CAPÍTULO 8

Jasemin.

Los días siguientes pasaron como un vendaval.

Sirvientes llegaron con rollos de tela, invitaciones bordadas, cajas de regalos para los anunciantes y órdenes que salían directamente del palacio. Mi madre no podía con la emoción. Se convirtió en una directora de orquesta frenética, guiando a todo el personal como si fuéramos parte de una procesión celestial.

Mi padre recibía cartas de nobles a los que jamás habíamos tenido acceso y Amal no salía de su habitación.

Yo era el centro de todo
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