Jasemin.
Los días siguientes pasaron como un vendaval.
Sirvientes llegaron con rollos de tela, invitaciones bordadas, cajas de regalos para los anunciantes y órdenes que salían directamente del palacio. Mi madre no podía con la emoción. Se convirtió en una directora de orquesta frenética, guiando a todo el personal como si fuéramos parte de una procesión celestial.
Mi padre recibía cartas de nobles a los que jamás habíamos tenido acceso y Amal no salía de su habitación.
Yo era el centro de todo