El sol filtraba su luz dorada entre las cortinas, tiñendo la habitación de un resplandor cálido.
Miranda abrió los ojos lentamente, todavía envuelta en el aroma familiar de la piel de Adrián.
Por primera vez en mucho tiempo, la casa se sentía en paz.
Él dormía aún, con un brazo sobre su cintura, respirando con tranquilidad.
Su semblante relajado contrastaba con el cansancio y la tensión que lo habían acompañado en los últimos días.
Miranda lo observó en silencio, recordando la noche anterior: l