El abrazo se prolongó más de lo que ambos esperaban.
Era como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante; solo existían el calor de sus cuerpos, el roce de las respiraciones, los latidos acelerados intentando encontrarse después de tanta distancia.
Miranda fue la primera en moverse.
Se apartó lentamente, aunque sus manos quedaron sobre el pecho de Adrián, sintiendo cómo su corazón golpeaba bajo la camisa.
Él la miraba con una mezcla de culpa, ternura y deseo contenido.
—No quiero perderte