Adrián permaneció en silencio unos segundos, observando a Miranda. Su sonrisa leve no desapareció, pero había algo más profundo en sus ojos: preocupación mezclada con determinación.
—Miranda… —comenzó, con voz baja—. Sé que lo de anoche no fue lo correcto. Me equivoqué. Te hice esperar, y tienes todo el derecho a sentirte molesta. Hoy quiero hablar contigo.
Ella arqueó una ceja, con esa mezcla de orgullo y frialdad que siempre lo desarmaba.
—¿Hablar? —repitió—. ¿Después de dejarme plantada anoc