El reloj marcaba las tres y media cuando Miranda llegó a casa. El ambiente estaba tranquilo, perfumado con el aroma tenue del jazmín que subía desde el jardín. Había sido un día extraño, lleno de emociones mezcladas, pero por primera vez en mucho tiempo sentía que algo entre ella y Adrián podía comenzar a sanar.
Dejó su bolso sobre la mesa del recibidor y se quitó los zapatos, disfrutando del contacto del suelo frío bajo sus pies. Caminó hacia la sala con intención de relajarse un poco antes de