La galería estaba tranquila esa tarde.
Miranda caminó entre los cuadros, reconociendo los rostros conocidos, los comentarios triviales de los visitantes, el murmullo del vino sirviéndose en las copas.
Era un mundo que le pertenecía.
Uno donde podía respirar sin sentir el peso de los muros de la mansión.
Algunos colegas se acercaron a saludarla. Otros, simplemente le dedicaron miradas curiosas. Hacía meses que no se la veía en público.
—Miranda, ¡qué gusto verte de nuevo! —exclamó una mujer de c