Camino al hotel, Florence y Theo se toparon con Heinrich y Dayana, quienes venían tomados de la mano y parecía que el tiempo solos, les había dado el espacio para hablar.
Theo ya llevaba en brazos al cansado Rui, que para la altura de aquel hombre no significaba un problema.
- ¡Mi niño se quedó dormido! -dijo Dayana con sorpresa y culpa, pues el tiempo que había estado a solas con Heinrich se les había pasado como agua entre las manos y no había pensado en su pequeño.
- ¡Pásamelo! -dijo Heinr