Dayana, con o sin miedo, caminó sujetando con fuerza el asa de su bolso. Llegó al restaurant dentro de aquel lujoso hotel, la anfitriona, al verla llegar, preguntó si tenía mesa reservada o si esperaba a alguien, Dayana sintió una punzada en el estómago y respondió con valentía.
- No, solo yo, una mesa para mí, por favor… -finalizo bajando la voz.
La anfitriona miró los registros y sonrió, luego dijo:
- ¡Claro! ¡Venga por aquí! ¿Prefiere en el bar o en el jardín?
Dayana se sintió bien, pues