Los días se habían deslizado suavemente entre risas, planes y caricias, como si el tiempo quisiera regalarles un respiro antes de enfrentar lo inevitable. Julia y Sebastián habían construido su pequeño mundo al borde del río, un refugio donde el amor parecía crecer con cada instante compartido. Pero el destino, siempre imprevisible, estaba a punto de recordarles que no todo es tan simple como un sueño.
Una tarde gris, el silencio habitual de la posada se vio interrumpido por el sonido insistent