El amanecer se filtraba suavemente por las cortinas, iluminando la habitación con tonos dorados que parecían pintar un nuevo comienzo. La noche anterior había estado marcada por confesiones y silencios cargados de deseo, por promesas no dichas que flotaban entre sus cuerpos aún entrelazados.
El multimillonario la observaba dormir. En la quietud de aquel instante, Julia —su refugio y su tormenta— parecía más vulnerable que nunca. Su respiración pausada, la serenidad de su rostro, contrastaban co