La mañana avanzaba lentamente en la posada, bañada por la luz suave del sol que se filtraba entre las cortinas de lino. Julia se había refugiado en su habitación después del encuentro con Sebastián. El beso de aquella mañana aún ardía en sus labios, pero también en su corazón. Había encontrado en él la paz que tanto necesitaba, y sin embargo, la duda volvía como una sombra insistente.
Sobre la mesa de madera había un cuaderno abierto, y en la primera página, un inicio de carta escrito con su pu