Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Julia sentía la ausencia de Sebastián como un vacío profundo que el río mismo parecía susurrarle en sus noches solitarias. Cada amanecer era una mezcla de esperanza y dolor, una lucha constante entre rendirse y seguir creyendo. A veces, la brisa suave que acariciaba las hojas le recordaba su voz, mientras que el murmullo del agua le traía la sensación de su presencia, aunque estuviera lejos.
Durante esas semanas, Julia intentó mantene