Dimitri estaba inmovilizado. Un sicario de Nikolai apuntaba el cañón de un rifle a su sien. El rostro de Nikolai reflejaba una euforia demente.
Valentina, viendo a Dimitri al borde de la ejecución, sintió un terror que superó su voluntad de acero. El estrés del embarazo, el agotamiento y la visión de la inminente pérdida de su Pakhan y del padre de su hijo, la quebró.
Un grito desgarrador escapó de su garganta, una mezcla de dolor, rabia y desesperación, que silenció brevemente el fuego de las armas. Lágrimas incontrolables brotaron de sus ojos, su cuerpo se sacudió por el pánico. Valentina Vieri estaba llorando.
El grito de su hija fue el detonante que encendió la furia de Demian Vieri. Encadenado a la pared, el Patriarca vio su Nido invadido y a su hija en agonía.
—¡¡SILENCIO!! —rugió Demian, con una fuerza que hizo vibrar el acero—. ¡¡ESTA ES MI CASA, Y NADIE MUERE EN ELLA SIN MI PERMISO!!
Con una fuerza alimentada por años de furia reprimida y la adrenalina del momento, Demian tir