Odessa no era un refugio, sino una fortaleza. Dimitri activó viejas conexiones de la Bratva Italiana, hombres que habían jurado lealtad a su tío y que ahora respetaban al nuevo Pakhan. El escondite era una casa de seguridad en las afueras, vigilada por hombres leales a la hermandad.
La seguridad era máxima, pero la tensión entre Dimitri y Valentina era una batalla silenciosa.
—No saldrás de aquí, Valentina. Usarás las comunicaciones, pero no arriesgarás tu vida —ordenó Dimitri, su tono no era n