La noticia del colapso de la Operación Cronos llegó a Nikolai como un golpe de martillo. Los activos, expuestos y congelados por los reguladores de Zúrich, representaban no solo miles de millones perdidos, sino una humillación pública que ponía en peligro todo su imperio.
Nikolai abandonó el juego de ajedrez. No había más negociaciones, solo venganza.
—¡Fuego! ¡Quiero todo lo relacionado con los Vieri ardiendo! ¡Cada puerto, cada almacén, cada ruta de tráfico que Valentina Vieri valorara! —grit