La búsqueda de la Fractura se convirtió en un experimento de tensión psicológica. Durante los días siguientes, Valentina y Dimitri pasaron horas encerrados en el ático de cristal de él en Milán, el templo de su Orden, trabajando en la conceptualización de la obra. Dimitri insistía en que la pieza no podía ser una pintura o una escultura, sino una instalación, algo que reflejara el quiebre ambiental de la mentira Vieri.
La proximidad era tortuosa. Dimitri, con su camisa de seda siempre impecable