La cena de evaluación había terminado en un punto álgido de tensión erótica y peligro. Cuando Dimitri retiró su mano del muslo de Valentina, el simple contacto dejó una marca ardiente que trascendió la tela y la piel. El Orden de Dimitri y el Caos de Valentina se habían fusionado brevemente en una afirmación brutal: él la quería, y ella lo deseaba, a pesar de la certeza de que él estaba allí para desmantelar todo lo que ella conocía.
En el viaje de regreso al apartamento de Alessandro, Valentina se obligó a concentrarse en los asientos de cuero del auto blindado. Las gemelas, ajenas al drama silencioso, discutían sobre la etiqueta de Marco Jr., mientras este, profundamente dormido, roncaba suavemente en el asiento trasero. Valentina no podía permitirse la distracción. Había un fuego interno, un temblor residual del beso en Como y el toque de Dimitri en la cena, que amenazaba con incinerar su resolución.
Ella repasó el encuentro: Dimitri no había reaccionado al caos de las primas con i