El Silencio Cargado
La atmósfera entre Valentina y Dimitri después del encuentro en el palacio de Como se había transformado de una guerra fría en un campo minado. Ambos mantuvieron una fachada impecable de profesionalismo, hablando de cifras, logística de la galería y la próxima adquisición de arte, pero cada mirada, cada contacto incidental, era un recordatorio de la furia que los había consumido.
Valentina se sentía peligrosamente viva. El beso de Dimitri no había sido dulce, sino un acto de posesión que resonó con la promesa de la niña que había sido. Se dio cuenta de que lo que sentía no era solo atracción, sino la necesidad de romper el control de él a través de la intimidad.
Dimitri, por su parte, se movía con una nueva y silenciosa confianza. Había roto la coraza de Valentina y ahora se dedicaba a dibujar la geografía del deseo en sus interacciones. Si ella dejaba caer un bolígrafo, él lo recogía con un roce intencional. Si hablaban de una pieza de arte, él acortaba la distan