Ya estaba perdiendo el control. Esa mujer me estaba haciendo perder el control. Me habla como si no me tuviera miedo, me miraba desafiante, se quedó en el auto... ¡Mierda! Me estaba enfermando.
No era el recuerdo de la madre de Isabella, era algo nuevo. Extraño, idiota, que me empujaba a ella sin pensarlo.
Primero Alessandro, después Puccio. Me sacaba de las casillas que se le acercaran, que le hablaran, que ella se riera con otros. Y por un segundo eterno tuve el impulso de bajarme de ese auto