Lucile
Siempre me fascinó ver cómo la gente se comporta en los funerales.
Tanta hipocresía bien vestida. Tantos rostros rígidos, máscaras de luto hechas a medida. Nadie llora de verdad. Todos están aquí para ser vistos. Para decir: “Estuve. Lo respeté. Soy parte de esto.”
Y yo, por supuesto, también.
Entré tomada del brazo de Max, con la cabeza alta y la mirada inmutable. Mis pasos eran firmes, mis tacones sonaban con la cadencia exacta para no parecer provocadora… pero tampoco invisible.
Sabía