Luciano
El sonido del reloj marcaba el paso lento del tiempo, pero mi cabeza estaba en otro lugar.
Frente a mí, Roger seguía hablando, con esa arrogancia típica de los empresarios americanos que creen que pueden comprarlo todo.
Me hablaba de rutas, de beneficios, de porcentajes y convenios. Yo asentía por educación, pero no escuchaba una sola palabra.
Porque ella no salía de mi mente.
Magdalena Salvatore.
La mujer que me había salvado la vida.
La única que me hizo olvidar que estaba sangrand