Magda
Las luces del pasillo parpadeaban como si también estuvieran cansadas.
Mi guardia estaba por terminar, pero aún me quedaban algunas tareas pendientes: firmar las evoluciones, dejar asentadas las indicaciones de la paciente de la 307, y pasar por la neonatología para ver a la beba prematura que había ayudado a recibir hacía unas horas.
—¿Doctora Salvatore? —dijo una voz detrás de mí.
Me giré con una sonrisa. Era la señora Mena, la enfermera más experimentada del piso.
—Dígame, ¿otra ronda