Magda
El hospital tenía un extraño poder; hacerme olvidar todo por un rato.
Pacientes, rutinas, diagnósticos, emergencias…
Todo me absorbía de tal forma que casi podía fingir que no había amanecido con un desconocido jugando a ser chef en mi cocina, llamándome principessa, y amenazando a dos hombres con su arma.
Casi.
—¿Magda?
Levanté la mirada. Era Iván, mi compañero de guardia y mejor amigo. Tenía una bandeja en la mano y me miraba con una ceja arqueada.
—¿Estás bien?
—Sí, sí. Solo estaba… d