Luciano
Pasaron meses desde aquella noche en la que pensé que la perdía.
Desde entonces, no volví a separarme de ella.
Magda se convirtió en mi rutina favorita.
En el primer mensaje del día. En la razón por la que mi calendario estaba lleno de alertas ridículas como “almuerzo con la doctora”, “flores nuevas” o “recordar que odia el chocolate blanco”.
No sabía ser novio.
Pero con ella, aprendía. Cada maldito día.
Y no porque alguien me lo enseñara. Sino porque la miraba… y me nacía.
Desde cocin