Lucile
El quirófano estaba helado.
Ni siquiera el calor de mi cuerpo era suficiente para calmar el frío que calaba hasta los huesos.
Me ardían los párpados, pero no los cerraba. No porque quisiera ver, sino porque quería recordar cada segundo. Cada olor. Cada sonido. Cada fragmento de lo que era necesario para cerrar esta parte del plan.
Me habían inyectado la epidural hacía cinco minutos.
Sentía el entumecimiento subir o bajar por mis costados, pero no llegaba a ser completo. No importaba. Lo