Max
Desperté con la garganta seca, un zumbido insistente en los oídos y un sabor metálico en la boca.
No reconocía el lugar.
Intenté moverme y sentí el cuerpo entumecido. Una sábana áspera me cubría, y cuando miré hacia abajo, lo supe.
Estaba completamente desnudo.
Y no estaba solo.
Lucile se estiraba a mi lado, envuelta en la misma sábana, el cabello revuelto y una sonrisa satisfecha en los labios.
Me incorporé de golpe.
—¿Qué mierda hiciste? —gruñí.
Sentí cómo el pulso se aceleraba y la cabe