Max
Bajamos al comedor, y por primera vez en mucho tiempo sentí que no llevaba el mundo sobre los hombros.
Paulina caminaba a mi lado, con el cabello suelto, esa sonrisa nueva… una que no me cansaba de mirar.
Su mano seguía en la mía, y aunque pensaba soltarla al llegar, para no hacerla sentir incómoda, no pude. No quise.
Cuando entramos en el comedor, Magda nos recibió con una ceja alzada y los brazos cruzados. Una sonrisa se le escapó apenas.
—Vaya… pensé que tendría que subir a buscarlos c