Max
—Lucas —lo llamé sin apartar la vista del desgraciado—. Traeme las herramientas...
Iba a disfrutar de esta mierda.
Lucas entró con el carro de instrumentos quirúrgicos, herramientas de mecánico y un celular apoyado en un soporte.
El perro desgraciado abrió los ojos como platos.
—Colóquenlo en posición —ordené a dos de mis hombres.
Sacaron al infeliz de la silla y sujetaron sus muñecas en los grilletes que colgaban del techo. Sus tobillos apretados en los que estaban en el suelo.
—Desnúd