Paulina
Un movimiento a mi lado me sacó del sueño.
—Mami… Ma…
Abrí los ojos, aún con la mente nublada entre sueños. Iris me miraba con los ojos grandes, llenos de lágrimas. Me incorporé al instante, recordando dónde estaba: en su cama. Su habitación.
—Buenos días, mi amor —murmuré, acariciándole el cabello—. ¿Qué pasa?
Iris no respondió enseguida y eso me asustó. Su labio inferior temblaba y tenía los dedos apretados contra el dobladillo de su pijama.
—Soñé algo feo —dijo al fin, con voz bajit