Max
Subí las escaleras detrás de ella, sin saber por qué.
No me llamó, no me pidió que la siguiera. Pero lo hice.
El pasillo estaba apenas iluminado. Paulina caminó con paso firme, pero su espalda tensa delataba el dolor que estaba sintiendo.
Se detuvo frente a una puerta entreabierta y entró sin mirar atrás. Yo dudé por un segundo… y crucé detrás de ella.
La habitación estaba tibia, tranquila. Y en la cama, dormía una niña.
Su piel pálida, sus párpados temblorosos, el sonido suave de su resp