Capítulo 102: Mía
Max

Sus dedos entrelazados a los míos me arrastraron por los pasillos, lejos del ruido, del eco de copas y risas falsas.

No pregunté a dónde íbamos. No quería saber. Solo quería que no soltara mi mano.

Cruzamos una puerta oculta, subimos unas escaleras estrechas y silenciosas.

Llegamos a una galería privada. La luna se colaba por el tragaluz, bañándola a ella en plata. Se quitó la máscara y ahí estaba. La mujer del cementerio. La de los sueños. La que no conocía… y sin embargo, sentía mía.

No
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