La mañana amaneció sobre Miami con un sol cegador que se reflejaba en los cristales de los rascacielos, pero en el interior de la mansión de Héctor, la atmósfera era densa, cargada de una tensión que se respiraba en cada rincón. El anciano había convocado una reunión en su salón principal, una estancia amplia y solemne con altos techos de madera tallada y retratos de antepasados que observaban desde las paredes como jueces silenciosos. No era una reunión de negocios. Era una reunión de familia,