La noche se había cerrado sobre Miami con una urgencia que no era normal. Las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas caídas en el asfalto, pero Vanessa no las veía. Solo veía el rostro de su hijo en la foto de Laura, el corte en su frente y la sonrisa desafiante que incluso en medio del peligro seguía siendo la misma de siempre. Sabía que no podía esperar. Sabía que si llamaba a la policía, Laura cumpliría su amenaza. Tenía que ir sola. Era la única forma de salvar a Liam.
—No puedes ir