La casa de Héctor olía a madera vieja y a libros antiguos, un aroma que a Liam le resultaba extrañamente familiar y reconfortante. El anciano lo esperaba en el salón con una bandeja de té humeante y una expresión que mezclaba la ansiedad con la determinación. Era la primera vez que se reunían sin la presencia de Ignacio, sin la urgencia de una amenaza inmediata. Solo dos aliados, sentados frente a frente, compartiendo secretos que el mundo no debía conocer.
Liam se sentó en el sofá de cuero, co