LILIANA CASTILLO
Después de ese par de disparos, solo escuché el agua cayendo en finas gotas. Abrí los ojos y me encontré con Javier, hincado delante de mí. Fruncí el ceño, confundida, porque mis recuerdos vinieron a mi mente como destellos. Santiago hincado frente a mí, preocupado, prometiendo que siempre cuidaría de mí, besando mis rodillas con ternura…
—Eras tú… —susurré con la vista nublada por las lágrimas y cubrí mi boca, silenciando mis sollozos. La mano de Javier se deslizó por mi mejil