LILIANA CASTILLO
Javier entornó los ojos, valorando si era sincera, sabiendo que, aunque lo fuera no era una opción quedarse. Tenía que salir, tenía que ir con mi padre. La empresa de Julia, a final de cuentas, le pertenecía a la organización y que servía para cubrir sus huellas de alguna manera, escondiendo información, borrándola de sitios gubernamentales y cambiando archivos electrónicos a su favor. No era tan fácil renunciar a ella o ignorarla.
—Por favor, haz lo que te pedí… —insistió peg