JAVIER CASTAÑEDA
El lugar al que llegamos estaba reducido a cenizas. Todo había colapsado, solo quedaban algunas columnas y los cimientos, pero no había nada que rescatar, era pérdida total. Respiré profundamente, el olor a quemado inundó mis fosas nasales.
Sobre lo que alguna vez fue un jardín, estaban los cuerpos enfilados y cubiertos por una manta.
—Al parecer ellos son los culpables —dijo Guillermo acercándose a los cadáveres. En ese momento uno de los militares que estaban custodiando le