MATTHEW GRAYSON
—Shhh… —susurró Julia mientras posaba sus dedos en mis labios, silenciándome. Su mirada afligida me rompió el corazón. Por inercia cubrí su mano con la mía y besé sus dedos. No podía controlarme, podía fingir que no me importaba estar lejos de ella, que no causaba nada en mí su distancia y que no mataban los celos cada vez que la veía al lado de Santiago, pero solo acumulaba ansiedad y dolor hasta que era imposible contenerlos—. No tienes que justificarte. No tienes que… decir n