MATTHEW GRAYSON
—No —dije tajante y molesto—. No pienso vivir en la misma casa contigo, no voy a tolerar tu existencia en mi vida y mucho menos voy a cuidar de tus hijos como si fueran míos.
—¡Ah! ¡¿Por qué?! —exclamó Santiago poniéndose de pie de un brinco—. Yo cuidé de Mateo cuando tú no estuviste. Es más mío que tuyo y no te lo ando echando en cara. Lo mínimo que espero de tu parte es que hagas lo mismo por mis hijos. Eso fortalecerá nuestra relación.
—¿Relación? —preguntó Julia arqueando u