JULIA RODRÍGUEZ
Matt se quedó congelado en la puerta y volteó hacia mí con la mirada entornada, buscando las palabras indicadas.
—Sé que ya no queda nada, pero eres la madre de mis hijos, siempre que me necesites, ahí estaré —contestó con resignación y por un momento noté la tristeza en sus ojos.
Me acerqué con el corazón en la mano. Quería hablar con él de lo ocurrido, de lo que dije. Por un momento pensé que podía abrirle el corazón, explicarle por qué dije lo que dije, y que estaba confundi