Mundo ficciónIniciar sesiónLa vida de Camil cambió drásticamente cuando supo que estaba embarazada. Ya su carrera de modelo no podía seguir… Los años han pasado y ella solo tiene un deseo: que «él» nunca se entere que ella tiene un tesoro. Ya no sueña con ser millonaria, ni ser la novia de un CEO de la minería, o de un jeque en Arabia. Ya eso lo intentó y de esa historia solo consiguió una cosa… a su hija. Emira tiene seis años, y está en una edad difícil donde empieza a hacerse preguntas sobre su origen. Camil no piensa hablar una sola palabra sobre el tema. Todo cambia cuando el “Jeque” llega accidentado al hospital donde Camil trabaja. El encuentro resulta devastador… Ella lo creía superado y él nunca la buscó, o eso cree Camil. Farid, que así se llama el «susodicho» no se conforma con solo verla y la curiosidad de saber que ha sido de la vida de la ex modelo que le flechó el corazón años atrás, pues lo lleva a tropezarse con el “tesoro de pelo negro”.
Leer másPREFACIO
Soy Camil de La Fuente. Residente de Medicina, de veinticinco años, madre soltera… desastre total y con una vida demasiado complicada como para que logre dormir cinco horas seguidas.
Ya no recuerdo cómo se sentía tener una mente sin preocupaciones, o un anoche de borrachera. Cuando a penas cumplía los dieciocho años, tal como si un meteorito me hubiera alcanzado «digo meteorito, porque así de fuerte me golpeó» me alcanzó el amor.
Solo que no fue un amor rosa de telenovelas, no. Fue un amor egoísta, intenso, desenfrenado, incluso… hasta un poco prohibido.
Me enamoré de el único hombre que no se enamoraría de mi.
Él me conocía… sabía que yo era un total desastre… un peligro andante.
Modelo internacional, mimada y ridículamente insoportable… A decir verdad, ningún hombre razonable, con cuatro dedos de frente y pensante, se hubiera ligado conmigo por más de una noche.
«O bueno… solo él…Farid»
Farid era una fuerza de la naturaleza « no es que yo no lo fuera». Solo que éramos polos totalmente opuestos. Él era una fuerza positiva, pero eso no lo hacía impasible o calmado.
Pero Yo… era una irrespetuosa, volátil, impredecible, eso hasta que sucumbí totalmente ante él.
Él no supo que hacer conmigo… y para desdicha mía, no sintió lo mismo.
Así que yo decidí guardar mis sentimientos. El amor me volvió vulnerable, y para la malcriada que era en esa época, ser vulnerable no estaba en mis planes. No quería que se burlara de mis emociones «aunque ahora no creo que él siendo tan maduro fuera capaz de burlarse».
Cuando no pude manejar amar sola, pues lo dejé. Si no me amaba, me negaba a dar lo que estaba casi segura que no iba a recibir de su parte.
Debería haber dicho que amaría sin reservas… pero ¡Por Dios! ¡Yo no era así! Estaba acostumbrada a ser adorada entre simples mortales, a ser simplemente mi voluntad y a creer que el amor para ser amor tenía que ser cien por ciento recíproco.
Fui egoísta con él… lo sé, pero ya estaba hecho, ya me había alejado.
Poco después de dejarlo descubri mi embarazo, pero aunque lo llamé no fui capaz de articular un solo sonido, y colgué antes de decirle.
No fui capaz de acercarme a su fuego otra vez. Así que no puedo imaginar su reacción al enterarse que sería padre de un hijo mío… nuestro.
Farid no me amaba, yo no quería ser la madre de un heredero que sería una pieza fundamental en su imperio, mientras yo no pasaría de una «soportable» fingura decorativa. Prefería vivir sin él, que vivir una vida mendigando amor.
Decidí cambiar mi vida…empezar de cero. Deje los excesos y la vida fácil que me ofrecía mi hermano, y mi ya consolidada carrera como Top Model.
Matricule en la universidad, y no en diseño, o en derecho… si iba a cambiar mi vida tenía que ser un giro dramático.
Empecé a estudiar medicina al tiempo que mi bebé crecía dentro de mi. Me cambie de ciudad antes de que mi embarazo fuera visible.
Me instalé en Los Ángeles, donde el padre de mi hermano me ayudo mucho en los primeros tiempos.
Nótese que lo llamo “padre de mi hermano” y no «padrastro. Amiel nunca fue mi padrastro… él ya se había divorciado de mi madre cuando ella conoció a un «donante» desconocido… y no precisamente lo escogió en un banco de semen, ¡No!
A mi me hicieron a la antigua, durante un crucero de divorciadas al que se fue mi madre y del cual regreso conmigo en el vientre. Así que supongo que eso de ser madre soltera me viene en los genes.
Han sido años difíciles, sobre todo porque ya vivo sola en Atlanta y me aleje de todos los que me conocían. Cada vez que veo a mi pequeña Emira se me olvida el cansancio, incluso los temores y miedos.
Lo único que no logro olvidar es la mirada penetrante de Farid, ¿y cómo? Si mi hija tiene sus ojos y un poco de su carácter, a pesar de no haberlo visto nunca.
Así va mi vida. Soy la Doctora De La Fuente, y divido mi tiempo en tratar de ser Cirujana de día… y madre soltera de noche.
EPÍLOGO 10 años después CAMIL ARAY —Doctora Aray, su esposo pregunta al Teléfono… ¿si puede venir por usted?— me comunica una de las residentes de cirugía a la que estoy entrenando tan pronto hecho a mi oficina como jefa de cirugía. Reviso los bolsillos de mi bata y no me sorprendo, puesto que otra vez dejé mi teléfono celular olvidado en algún sitio. Tan propio en mi… —Puedes decirle que en diez minutos estaré lista. Solo termino las rondas y estaré cien por ciento disponible para él— le respondo y salgo, camino a paso apurado para regresar al trabajo. El árabe bruto me mataría si sospecha que en esos diez minutos pienso correr una maratón para terminar todo lo que aún tengo pendiente antes de irnos de vacaciones. Una segunda y merecida Luna de Miel. Por qué si… esta es mi vida: Soy Camil Aray, Doctora Cirujana, treinta y seis años de edad, madre de cuatro hijos y feliz… muy felizmente casada con el amor de mi vida. Puedo decir que ha sido un viaje emocionante desde que me reen
FARID ARAY Al fin había llegado el día, hoy por fin sería un hombre casado… hoy por fin podría llamar a mi Habiba como mi esposa. Mía… mía hasta el final de mis días. Si eso no era la dicha… pues no sabía yo cómo se sentía. El sentimiento atroz de la desesperación si lo conocía, las mariposas negras las había sentido en mi interior cuando Camil me dejó la primera vez, y luego cuando la supe en peligro a manos de ese medicucho de quinta. Mas hoy, era un día de suma felicidad. Hoy se cumplía mi razón para estar vivo.La iglesia estaba decorada con ramos de rosas rojas y lirios blancos, y el aroma a incienso se mezclaba con el de las flores. Era un espectáculo digno de ver. Solo esperaba que para Camil resultara tan perfecto como para mí.Los invitados empezaron a llegar, vestidos con sus mejores trajes y vestidos de gala, todos ansiosos de ver a la pareja del día. Todos los asistentes me miraban emocionados, me hacía sentir aún más orgulloso de lograr casarme con la mujer de mis
CAMIL ARAYCreí que la boda se atrasaría, pues tontamente pensaba que no era lo correcto casarnos en medio de lo que estábamos viviendo. Sin dudas pasábamos por una de las pruebas más duras a la que se enfrentaría nuestra relación.Y era de esperarse que algo entre nosotros cambiara, después de la visita a la penitenciaria de mujeres… y de todo lo que escuchamos allí; de los problemas y de la impunidad que disfrutaría Mara a pesar de haber sido la autora intelectual y confesa de un horrible asesinato.Todo eso hizo que, mi arabillo hermoso tuviera un humor raro. Lo sentía distraído, dolido, y profundamente afectado. ¿Y cómo no? Si era lo más doloroso que mi madre pudo haber hecho en nuestra contra…Eso sí, cuando le planteé la posibilidad a él, se negó rotundamente. —¿Atrasar la boda? — preguntó enarcando una de sus tupidas cejas negras— ¿Con qué motivo? — demandó cómo si lo que acabara de decirle fuera la cosa más descabellada del mundo. Lo miré con dudas, con miedos, pero con to
CAMIL ARAY Esa noche al volver a casa lloré como una niña pequeña. Era demasiado doloroso saber que mi madre hubiera sido capaz de planear un acto tan deliberadamente atroz y mortífero e no contra una joven pareja de esposos, con un niño pequeño. Le tomo tiempo tomar una resolución, pero cuando no fue capaz de soportar más el rechazo del padre de Farid, sencillamente decidió asesinarlos. No pensé que su personalidad frívola le permitiera ser la autora intelectual de un asesinato, pero ella misma lo había confesado; así que no quedaba más por hacer que creerle y vivir con el dolor que su confesión había causado en nosotros « y si… ciertamente era demasido doloroso». Salimos de la institución carcelaria, Farid me apretaba la mano mientras que me guiaba hacia el parqueo a paso apurado. El cielo estaba totalmente cubierto por nubes oscuras, enormes y centelleantes, y ya había comenzado a lloviznar en Atlanta. Lo que empezó como una inocente visita a la Cárcel estatal del mujeres para





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