La Princesa de Éire

La Princesa de ÉireES

Lizeth Parra  En proceso
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Resumen
Índice

Tras una tragedia en mi hogar, fui adoptada en mi infancia para ser criada y educada como a una princesa por el Rey más noble y bueno que haya conocido Éire. A pesar de ser feliz en el palacio, desde la adolescencia no he podido evitar sentirme atrapada, creyendo que no pertenecía al lugar que se me había dado. Soñé por años con poder cruzar esa muralla que me dividía del pueblo y cuando por fin puse un pie fuera, lo conocí, como si el destino así lo hubiera querido. Esa alegre melodía me llevó hasta ese chico amable de ojos grises que no dejaba de mirarme. Esa tímida sonrisa quedó atrapada en mi memoria desde aquel día, complicando todavía más mi compromiso con el Príncipe. Estoy tan agradecida por la oportunidad que el Rey y su hijo me han dado que no puedo cancelar nuestra unión o eso es lo que creía hasta que ese extraño logró enamorarme a primera vista, haciéndome dudar de mi lealtad, mostrándome lo que es el amor real.

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Prefacio
Hace mucho tiempo atrás, en el siglo XI, existió al sur de Éire un pequeño poblado, recordado por su bello paisaje, repleto de prósperos bosques y lagos de aguas cristalinas. Las flores adornaban con los tonos más vibrantes cada esquina, volviendo el pueblo un lugar de belleza sin igual. El paisaje era tan mágico que se podía imaginar a las hadas juguetear por los bosques apenas se ocultaba el sol, o por lo menos es lo que mi madre me contaba antes de arroparme.Crecí corriendo libre y feliz por las praderas, para poder llegar a casa después de ayudar a mi padre a vender en el mercado. Vivíamos en un molino, que mi yo de 6 años lo veía enorme y majestuoso. Mi infancia fue muy feliz, al lado de mi mis padres y mi hermano recién nacido.Puedo recordar muy poco de la noche de la tragedia. Yo dormía tranquila, cuando unos gritos y el calor del fuego me despertaron. Mi hermano lloraba mientras yo me sentaba tallando mis ojos. Mi madre solo me cargó sacándome de ahí con rapidez, pero un hom
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Capítulo 1: Sí, acepto
Me encontraba sentada frente al grande y elegante comedor. Las familias nobles de la región nos acompañaban, platicando amenamente, celebrando mi compromiso con el príncipe Mael. Esa cena era la más importante en años y yo me sentía incapaz de probar bocado. Un nudo llevaba semanas implantado en mi estómago, reacio a moverse de ahí.Mael me tomó de la mano por debajo de la mesa, procurando que nadie nos viera, ya que era mal visto un contacto así en público. Me dio un pequeño apretón, llamando mi atención y cuando volteé a sus ojos celestes, acompañados de una resplandeciente sonrisa, no pude evitar sonreír también. Ese gesto significaba que no quería que olvidara que estaba ahí para mí y la verdad eso era algo imposible de hacer. Cuando su mano liberó la mía y volteó a platicar con el invitado que tenía al lado, bajé mi rostro viendo a la sopa, ocultando mis ojos llorosos sin evitar sentirme culpable.Verlo feliz siempre me hizo feliz, pero desde el compromiso, muchas cosas cambiaron
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Capítulo 2: Sorpresas
La luz del sol molestó a mis parados todavía cerrados, cuando mi dama de compañía abrió de golpe las cortinas, apremiándome para levantarme.—Briana —le reproché cubriéndome hasta la cabeza con una manta, que después me quitó de un jalón—, ¡oye! —me quejé molesta sentándome sobre la cama, tallando mis ojos y corriendo mi maquillaje del día anterior.—Déjame limpiarte el rostro —dijo amable, arrodillándose a mi lado, pasándome un paño húmedo por la cara. Al terminar de hacerlo me ofreció un cuenco con agua, en donde sumergí mis mejillas, mojando después mi cuello para refrescarme un poco.—¿Por qué tanta insistencia en levantarme tan temprano? —la reprendí, haciéndole notar mi mal humor por dormir tan poco tiempo.—El Príncipe te espera abajo —su tono fue inusualmente serio.No me sorprendió su cambio de actitud conmigo cuando me comprometí. Briana siempre estuvo enamorada de Mael, aun sabiendo que era algo imposible y al verme a mí, su amiga de la infancia comprometerme con el hombre
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Capítulo 3: El chico del pueblo
Las escasas nubes danzaban con lentitud en el cielo despejado, permitiendo que los rayos del sol buscaran mí piel, al mantener una mano fuera de la ventana con la palma en alto para sentir su calor. Todo fuera del castillo parecía distinto. Incluso respirar me era más fácil. Las hojas de los árboles brillaban mostrándose de un verde radiante; El aire era más ligero y conforme el carruaje se acercó al pueblo el aroma a pan caliente inundó mis fosas nasales.Un vago recuerdo de mi infancia me golpeó de pronto. Mi madre preparaba la harina desde muy temprano y todas las mañanas acompañaba a mi padre a vender el pan al lugar al que ahora me dirigía. Tanto había cambiado desde entonces. La sonrisa se esfumó de mi rostro al pensar por un momento que quisa no sería bien recibida por la gente. Todos en el reino conocían bien mi historia y la abrumadora idea de que me vieran como la niña oportunista hizo que me apartara de la ventana por primera vez desde que salimos del palacio.—¿Todo bien?
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Capítulo 4: Jarrón roto
—¡Helen! —la estridente voz de Briana retumbó en mis oídos.Di un brinco en el balcón al darme cuenta de su presencia ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? No tenía idea.—¿Qué? —el hilo de mis pensamientos siguió atrapado en esos ojos grises, mientras observaba al pueblo desde mi habitación, imaginando que me encontraba allí.—Debes volver a hablarle algún día.Volteé a verla con los ojos entrecerrados. Se me hizo difícil creerle. ¿En realidad quería que volviera a dirigirle la palabra a su amado Príncipe?—Si no quieres hablar con él entonces hazlo conmigo —suplicó sentándose en mi cama como cuando éramos niñas— ¿Que sucedió allá afuera que te tiene así? Llevas dos días aquí encerrada y sigues negándote a comer.Me senté a su lado, para después dejarme caer en la cama con los brazos extendidos, soltando un suspiro.—A eso me refiero —volteó curiosa en mi dirección—, te la pasas lanzando suspiros al aire desde que volviste. Ya dime que ocurrió ¿Se besaron? —su mirada era más de curiosidad que
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Capítulo 5: Oculta tras una capa
El cielo se tornó oscuro para cuando cabalgamos la última vuelta en los inmensos jardines del palacio, con la luna indicándonos el camino de vuelta. Desde niños uno de nuestros pasatiempos favoritos era la equitación y aunque nuestro padre se negaba en un inicio que una niña de 8 se subiera a un poni, Mael terminó convenciéndolo. Con el paso de los años ese poni pasó a convertirse en un caballo bien entrenado que corría como un rayo. Mi yegua Luna era ágil y veloz, compitiendo con el imponente de Tormenta, el favorito del Príncipe. Jugábamos carreras a menudo, ganando mi corcel blanco la mitad de las veces. Esa tarde le aposté a mi prometido que si ganaba debía prometerme que al llegar de su viaje volveríamos a salir del castillo y para su desgracia fui la vencedora. Mael torció la boca en un gesto de desaprobación, alegando que hice trampa y rápidamente desvió el tema. Entendía que no quisiera llevarme al pueblo de nuevo, pero no dejaría de insistir en hacerlo y él lo sabía. Cuando u
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Capítulo 6: Algo que ocultar
Centenares de flores con vibrantes colores brillaban como nunca, despidiendo su dulce aroma al darme la bienvenida. Bajé con lentitud mi capucha, revelando así mi rostro para poder hablar con normalidad, si es que mi corazón me lo permitía.El chico miraba mis mejillas, algo sucias todavía y ambos sonreímos entendiendo lo mismo.—Tenia que hacer que nadie me notara.—Seria imposible —confesó tocando su cuello con nerviosismo.—Gracias… —seguía sin saber su nombre.—Nathaniel, Princesa —contestó de pronto, como si pudiera leer mis pensamientos.Nathaniel era el nombre que tanto deseé saber y que ahora que pensaba era el mas hermoso que hubiera escuchado. Nathaniel.—Yo soy Helen —mis mejillas se llenaron de color al escuchar su risa.—Lo sé, Princesa. No hay persona en el pueblo que no conozca su nombre. —Ambos reímos. Que tonta, claro que él ya sabía cómo me llamaba. Mis rodillas temblaban todavía y seguía incapaz de pensar con claridad.—Claro, lo siento —no tenía idea por qué me dis
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Capítulo 7: Su partida
Mael aparentaba siempre ser una persona reservada, paseando por los pasillos del palacio en silencio y en completa calma, como si tuviera todo resuelto, pero cuando sus barreras estaban tambaleantes acudía a mí, en donde encontraba alguien con quien poder hablar sin restricciones de todo aquello que lo aquejaba. Aquella noche la pasó en mis aposentos, sentados en el piso del balcón, apreciando la luna mientras platicamos. Me contó del peso que sentía sobre sus hombros y su temor de defraudar a su padre al no cumplir con sus expectativas.Entendía lo difícil que era para él tomar una responsabilidad tan grande y que de vez en cuando pensara en rendirse, pero cada que la idea cruzaba por su mente le recordaba lo bueno que era en su papel de Príncipe y el excelente Rey que sería en el futuro, animándolo a nunca darse por vencido. Hubo un momento en el que no fueron necesarias las palabras y supe que no solo ocupaba de mis consejos, sino también de mi compañía. Recostada en su pecho obser
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Capítulo 8: El jardinero real
La partida de Mael me hacía sentir liberada y a la vez sola. Pasé los primeros días ayudando en los quehaceres del palacio para estar con Briana, pese a que me corrían de ahí con frecuencia. Mi antigua Nana no dejaba que me acercara a la cocina o los cuartos de la servidumbre y desde que el Rey se fue se la pasaba pegada a mi como una sombra.Recogí mis pinturas y pinceles, yendo a los jardines del palacio para concentrarme en mis dibujos, pero las flores siempre eran las mismas y los pájaros siempre cantaban la misma melodía. Terminé aburrida de buscar como no aburrirme. Tres lunas habían pasado apenas y sentía que no aguantaría mucho más tiempo así.—¡Helen! —el grito de Bri me hizo regresar de mis cavilaciones— Te es
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Capítulo 9: Bajo las estrellas
Pasé la mayor parte de la tarde en la tina de baño, repasando mil veces lo que viví apenas hace unas horas en los jardines. Mis mejillas seguían ardiendo cada que observaba la mano en donde Nathaniel posó sus labios para besarla. Lancé un suspiró, no paraba de hacerlo. Mi corazón ardía mientras la boba sonrisa no abandonaba mi rostro. Así se sentía entonces… Sin duda alguna estaba enamorada y no tenía idea de que hacer ahora. El compromiso seguía en pie y pronto debía comenzar con los preparativos para la boda, aunque lo único que deseaba era pasar tiempo con el nuevo jardinero que mantenía mi mente ocupaba con sus palabras amables y su cálida mirada. Quise estar el resto de mi tarde a su lado, pero corríamos el riesgo de ser vistos al permanecer tan cerca del palacio, así que le sugerí vernos al anochecer en el quiosco al lado del lago, en donde nadie nos molestaría.Me enclaustré en mi cuarto hasta que el sol se ocultó y bajé con rapidez a cenar, ansiosa de que las horas pasaran con
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