EN SUS OJOS NO HUBO BODA
La última vez que Valeria Mondragón creyó en alguien, lo hizo delante de doscientas personas, con un vestido blanco y un teléfono que transmitió en directo su propia destrucción. Un año después, sobrevive entre las paredes de una mansión que no es un hogar sino una jaula con el código de vestimenta correcto. Su carcelero no usa cadenas: usa cámaras, raciones de arroz y la deuda impagable de los padres de ella. Y cada cicatriz en su cuerpo lleva grabada la misma lección: resistir tiene un precio. Mateo Villanueva no recuerda nada del año anterior. Los médicos lo llaman amnesia postraumática. Mateo lo llama el hueco donde debería estar su vida. Cuando la encuentra ensangrentada en la calle, su cuerpo la reconoce antes de que su memoria pueda hacerlo, y eso, más que cualquier dato que encuentre en sus investigaciones, es lo que lo convierte en el hombre más peligroso de esta historia. Porque en algún lugar entre los dos existe una verdad que alguien necesitó enterrar bajo un accidente de tráfico, un acuerdo firmado a la fuerza y un año de silencio. Y esa verdad está empezando a recordar.