Ya No Soy Tuya
Cuando mi pareja destinada eligió casarse con mi hermana y mandarme al demonio, hice lo único que tenía sentido en ese momento: huir.
Desaparecer.
Sin despedidas y sin mirar atrás. Me fui con la cabeza en alto y la dignidad más o menos intacta, jurando que ese hombre no iba a ocupar ni un centímetro más de mi cabeza.
Lo que no tenía planeado era darme cuenta, tres semanas después, de que me había llevado más de él de lo que pensaba.
Ahora, cuatro años después, tengo un hijo adorable que heredó los ojos de su padre, una vida construida desde cero en una ciudad donde nadie sabe quién soy, y una regla de oro muy simple: Daniel Griffin no existe.
Funciona de maravilla. Hasta que no me queda otra opción que volver a casa.
De regreso en Fallonmore, Daniel quiere hablar. Quiere que entienda que las cosas no fueron exactamente como parecieron. Y lo peor de todo es que el universo nos hizo compatibles de una manera que no puedo ignorar ni fingir que no siento cada vez que está cerca.
Él tiene sus razones. Puede que hasta sean buenas.
Pero hay cosas que una explicación no borra, y casarse con mi hermana es una de ellas.
Si quiere mi perdón, que lo gane.