Mundo ficciónIniciar sesiónLayla e Eliel prosseguem com a missão de levar a princesa de Hyperion a Behemoth o mais antigo dos impérios, porem depois de um ataque feroz das forças de Anothron eles e seus aliados são obrigados a procurar abrigo em um continente desconhecido, Huiswart as terras negras, lá enquanto se preparam para repelir o ataque incessante de Nasthirt encontram Gaia que lhes conta a história da terceira Dragonesa e do Cavaleiro Dragão! Leal conhece a Sexta Dragonesa e Etriel começa a fazer as suas jogadas contra um enlouquecido Imperador Arion!
Leer másLa mansión Star se alzaba imponente al final de la avenida privada, rodeada de jardines perfectamente cuidados y de un silencio solemne que contrastaba con el bullicio de la ciudad a unos kilómetros de distancia. Isabella observó todo aquello desde la ventana del automóvil que la había traído hasta allí, con el mismo semblante frío e inexpresivo que había aprendido a sostener desde niña.
No estaba ahí porque lo deseara. Sus padres adoptivos —las únicas personas a quienes reconocía como familia— le habían insistido en que debía ir, que ese era su lugar verdadero. Isabella no lo veía así. Para ella, el apellido Star no significaba nada.
El vehículo se detuvo frente a la entrada principal. La puerta de la mansión se abrió de inmediato y un hombre y una mujer salieron apresurados, como si hubiesen esperado ese momento durante toda su vida. Tomas Star, elegante y con el cabello ya entrecano, no pudo contener las lágrimas al ver a la joven descender del coche. A su lado, Adriana, con un porte distinguido, llevaba una expresión que mezclaba emoción y alivio.
—Isabella… —susurró Adriana, llevándose las manos al rostro antes de correr hacia ella.
La mujer la abrazó con fuerza, como si quisiera recuperar en segundos los veinte años que habían perdido. Tomas se unió enseguida, rodeándolas a ambas.
—Hija… mi pequeña —dijo con la voz quebrada—. Al fin… al fin estás con nosotros.
Isabella permaneció rígida en sus brazos. No hubo lágrimas en sus ojos, ni un gesto de ternura en su rostro. Soportó el abrazo sin rechazarlo, pero tampoco correspondió. Cuando Adriana se apartó para mirarla a los ojos, esperando encontrar la calidez de una hija reencontrada, solo halló una expresión fría, contenida, casi vacía.
—Gracias… por recibirme —dijo Isabella con tono neutro, las palabras que había ensayado antes de salir de la casa de sus padres adoptivos.
Adriana sonrió con ternura, convencida de que era solo timidez. Tomas, por su parte, acarició la mejilla de la joven y asintió, tratando de no mostrar lo herido que estaba por esa falta de emoción.
Fue entonces cuando una figura apareció en el umbral de la mansión. Una chica de la misma edad que Isabella, de rostro dulce y sonrisa amplia, corrió hacia ellos.
—¡Isabella! ¡Por fin! —Ana abrió los brazos y la rodeó en un abrazo efusivo, incluso más apretado que el de sus padres.
Isabella apenas inclinó un poco la cabeza, incomodada. Aquella energía, aquel entusiasmo exagerado, le resultaba falso. Había aprendido a leer a las personas, a identificar los gestos que no coincidían con la verdadera intención. Y en los ojos de Ana, detrás de la alegría, brillaba una chispa distinta: temor, incomodidad… rivalidad.
—Hola… Ana —dijo Isabella con frialdad.
—No sabes cuánto soñé con este día —insistió la otra, fingiendo emoción—. Siempre supe que volverías.
Isabella sostuvo su mirada por un instante y, en silencio, pensó: demasiada emoción para alguien que teme perder lo que tiene.
El resto del día transcurrió en un recorrido interminable por la mansión Star. Los padres le mostraron cada rincón con orgullo: los salones amplios con arañas de cristal, la biblioteca con estantes infinitos, los jardines que parecían sacados de una postal. Isabella observaba todo con atención, pero no porque le maravillara. Analizaba cada detalle como si memorizara un mapa, calculando accesos, puntos ciegos, rutas de salida.
Finalmente, la llevaron a una habitación en el ala este. Las paredes eran de un blanco marfil impecable, con muebles delicados y una cama cubierta de sábanas de seda. Un espacio preparado con esmero, como si hubiesen estado esperándola todo ese tiempo.
—Esperamos que te guste, cariño —dijo Adriana, acariciándole el cabello—. Todo aquí es tuyo.
Isabella sonrió apenas, un gesto fugaz que no llegó a sus ojos.
Cuando sus padres salieron, Ana entró sin pedir permiso, con una sonrisa que parecía no desvanecerse.
—Isabella, ¿puedo dormir contigo esta noche? —preguntó con tono infantil, como si fueran niñas otra vez.
Isabella la miró de reojo mientras colocaba su maleta sobre la cama.
—Prefiero estar sola —respondió con frialdad.
La sonrisa de Ana titubeó, pero enseguida volvió a componerla.
—Claro, como quieras. Igual mañana podemos desayunar juntas. Buenas noches, hermana.
—Buenas noches —contestó Isabella sin mirarla.
Cuando la puerta se cerró y el silencio llenó la habitación, Isabella dejó escapar un suspiro. Se deshizo del vestido formal que llevaba, se colocó ropa oscura y cómoda, y sacó de su maleta un pequeño estuche metálico. Dentro había un antifaz negro, de diseño sobrio pero intimidante, que ocultaba buena parte de su rostro. Se lo colocó con movimientos mecánicos, como quien se viste con su verdadera piel.
A continuación, abrió la ventana. La brisa nocturna golpeó su rostro, y sin dudarlo se impulsó hacia afuera. El salto era alto, pero Isabella se movió con la agilidad de alguien acostumbrado a riesgos mayores. Cayó con suavidad felina sobre el césped, y se escabulló entre las sombras hasta llegar a la parte trasera de la mansión, donde la oscuridad la protegía.
Nadie la vio salir.
El camino hacia la ciudad fue rápido, casi instintivo. Isabella conocía las rutas menos vigiladas, los callejones que se volvían invisibles para cualquiera que no supiera dónde mirar. Y pronto llegó allí: al corazón oculto de la ciudad, un lugar del que pocos hablaban en voz alta.
El bajo mundo.
Un sitio donde la ley no existía, donde se movía el dinero sucio, las armas, los secretos. Donde mafiosos, traficantes y creadores de la deep web se reunían como si fuera un mercado clandestino. Las luces rojas y los murmullos formaban una sinfonía peligrosa.
Cualquier cosa podía ser encontrada ahí, siempre y cuando tuvieras el dinero para adquirirlo.
Hagardia: Anothron estava preocupado com a resistencia de Layla e Eliel, verdade que o embate principal ainda não havia acontecido em Huiswart, mas a derrota de três dragões de fogo com seu poder aumentado por Diamond fez ele ver o real poder da jovem Dragonesa e do maldito Décimo Cavaleiro, convocou seus dois escravos mais fortes, estes comandantes de seus melhores exércitos, os acontecimentos em Huiswart o forçava a acelerar seus planos, precisava de mais soldados e sabia onde conseguir, Arion já estava em seu controle mas precisava garantir sua sobrevivência, seu corpo era essencial para trazer Nasthirt e outro movimento contra ele foi detectado, o general Beltran saíra de seu controle e o responsável só podia ser Etriel, o maldito mago parecia saber seus planos com antecedência, não que Beltran fosse uma peça importante, mas ele c
Hyperion Beltran estava se sentindo triste e sem esperança, depois que Etriel livrou Amuren de seu cárcere ele olhou para si mesmo e notava que havia virado um simples fantoche, sentia calafrio ao consultar sua consciência e ver apenas uma palavra, “covarde”, sentia vergonha de si mais do que sentira até este dia, ele realmente gostava de Amuren, e o que ele havia feito era imperdoável, tentava, mas não conseguia entender por que havia feito aquilo, sentia que não havia uma saída para suas ações, e tinha a triste certeza de que quando caísse não seria lembrado como um guerreiro seria lembrado como um traidor que cometeu um crime terrível contra a única mulher que o amou, ele até o momento não sabia o quando podia ser cruel o castigo da culpa, foi então que decidiu atender qualquer pedido do mago, sua ganância
Leal estava apreensivo, durante os dias que se seguiram a sua estadia em Arcadia aprendera muito sobre a história de seu mundo, o passado místico que ligava a natureza deste planeta a magia celestial, mas agora ciente de que tinha uma missão muito importante era à hora de abraçar definitivamente a sua verdadeira natureza, tinha apenas dois dias que soubera ser um filho de Arcadia criado no reino da superfície para poder transitar livremente entre os reinos da terra, tudo planejado para este conflito, sua missão era buscar a Dragonesa da vida para que ela libertasse Assuria, princesa dragão da água terceira filha de Algron que ao despertar ira liberar o povo dos mares da barreira mística que os impede de subir ao mundo de terra, esta barreira foi criada para proteger o primeiro portal aberto na terra para a dimensão de Nasthirt, o local por onde a magia maligna infestou este
Amenhotep já havia desistido de lutar pela vida, por piedade ou por crueldade o abandonaram no meio do deserto amarelo, com uma sacola contendo algumas frutas secas e uma bota de água economizou o quanto pode, mas o corpo pede e foi impossível se conter por mais tempo, o sol ardia implacável, seus pés calçados em botas de couro já apresentavam feridas impossíveis de ser ignoradas, sua vontade já se apagava, foram três noites frias e quatro dias de sol inclemente e finalmente vencido deitara na arei a fim de deixar sua vida acabar, pensou em tirar o turbante e as roupas que lhe cobriam todo o corpo para acelerar o processo de desidratação, deitado de costas desenrolou o pano que formava a proteção da cabeça e foi ai que primeiro ouviu o guincho de uma ave, olhou para cima e viu um vulto que girava contra a luz do sol, de inicio não pode distinguir
Sabem quando a segunda Dragonesa e seu Cavaleiro Dragão derrotaram Nasthirt ele foi astuto e nos ludibriou usando um golpe bastante simples, tão preocupados que estávamos em defender este mundo que não pensamos nisto, nesta época eu estava enfraquecida pela presença dele e não pude ver com clareza, e ele sabia então colocou um pouco da sua essência dentro de um mago menor que fugiu para Behemoth como um refugiado, foi uma fagulha tão pequena, tão mínima que nem eu nem Algron conseguimos notar, estávamos enfraquecidos pelo poder do demônio e distraídos com a terrível batalha, deixem-me esclarecer uma coisa, eu digo a primeira Dragonesa e o Cavaleiro Dragão, mas na realidade era a segunda, pois a primeira foi a mártir desconhecida e o cavaleiro que a seguiu ao sacrifício, Mirna e Samael foram os primeiro que usaram os dons
As mulheres da comitiva imperial sentiam-se cada uma de uma forma distinta, depois do banho as mulheres de Huiswart lhes trouxeram roupas locais, tratava-se de vestidos longos e uma blusa justa que cobria braços e busto tudo feito de couro dos mais variados animais, não era a única vestimenta, mas a mais fácil de conseguir longe do império e para aquela noite era adequada então foi dado um conjunto para cada, a Valéria foi entregue um conjunto feito de pele de leoa, quando a Valquíria constatou que se tratava de um vestido quase vestiu sua armadura de volta, não se lembrara da ultima vez que havia vestido tal tipo de roupa, porem ponderou um pouco, tinha que confessar que as roupas que usava sob a armadura feitas de couro fino para proteger a pele da malha de aço já cheiravam mal, então aceitou de mau humor como sempre, mas agradecendo com respeito, Aghata e Jessi pa
Último capítulo