La Secretaria de los $100M
Para Adrian Vance, la mujer que lo había tendido una trampa en el penthouse aquella noche no era más que un montón de basura. Para su desgracia, esa mujer era Aletta, su propia secretaria personal.
Sabiendo que su jefe podía arruinarle la vida en un instante, Aletta huyó antes de que llegara el amanecer. Regresó a su escritorio muy temprano por la mañana, con un blazer impecable, fingiendo ser la secretaria obediente de siempre.
Durante dos meses enteros, Aletta apostó la vida infiltrándose en el sistema interno de la empresa, solo para borrar las grabaciones de CCTV de aquella noche.
Logró destruir todos los documentos de rastreo. Sin embargo, olvidó eliminar algo: dos líneas rojas que ocultaba dentro de su bolso. Estaba embarazada.
Cuando Adrian finalmente consiguió restaurar los datos cibernéticos de la empresa y encontró el broche de plata de Aletta, no la despidió. Atrapado por el ultimátum de su abuelo para entregar un heredero al clan Vance, el hombre vio, en cambio, otra oportunidad.
Una carpeta con documentos de matrimonio fue arrojada frente a Aletta.
Adrian le prometió protección total contra su familia política parasitaria, incluyendo todos los gastos hospitalarios de su hermano menor. La condición era absoluta: Aletta debía concebir y dar a luz, y luego entregar al bebé antes de firmar el divorcio.
Aletta creyó que podría resistir aquel matrimonio de papel. Sin embargo, cuando Adrian la acorraló contra la pared y le susurró:
—Tú fuiste quien se metió en mi cama, secretaria Aletta. Así que ni sueñes con escapar antes de que nazca mi hijo—.
Aletta comprendió que ese hombre no estaba haciendo negocios… sino torturándola lentamente.