Elegiste A Otro, Ahora Olvídame
Me tomó tres años conquistar a Mónica Guerrero, una mujer que parecía inalcanzable.
Por ella, renuncié a mi carrera y me convertí, por voluntad propia, en un esposo dedicado al hogar. Incluso me hice una vasectomía al día siguiente de que me confesara su miedo a que yo buscara a otra mujer para tener un hijo.
Todos nuestros amigos estaban convencidos de que envejeceríamos juntos y nos amaríamos toda la vida. Sin embargo, el día de nuestro quinto aniversario de bodas, decidí divorciarme.
Mi abogado era Tomás Herrera, uno de mis mejores amigos. No dejaba de preguntarme:
—¿Estás seguro? Por casarte con ella rechazaste sin pensarlo muchas ofertas, ¿y ahora me dices que te quieres divorciar?
Intenté sobreponerme a la opresión que sentía en el pecho.
—Redacta el acuerdo de divorcio. Cuanto antes, mejor.
—¿Pero por qué?
Miré el ramo de daturas negras sobre la mesa, con su lujoso envoltorio. Después de dudar un buen rato, le di mi respuesta definitiva:
—Por un ramo de flores.